Está en boca de todos el cruce de declaraciones entre Laporta, presidente del Barça, y Revilla, presidente de Cantabria. Pienso que el presidente cántabro no ha hecho más que poner palabras a lo que todos los aficionados del Barça sentimos.
Lo de Laporta y sus enfrentamientos dialécticos viene de largo, sobre todo por su tendencia a la manía persecutoria en las juntas, pero ultimamente se viene recrudeciendo con el tema del catalanismo o independentismo del que hace gala.
Ya le decía Valdano que el Barça sólo mira de Cataluña hacia dentro y va a resultar que tiene razón. Laporta no entiende que el club tiene seguidores más allá de las fronteras de su comunidad autónoma y que él no es una persona cualquiera, que cuando aparece en un acto, aparece el Barça, que es al que representa.
Parece ignorar el daño que le hace al Barça en su momento más dulce y sólo el tiempo es capaz de dictar cual es la repercusión de sus actos.
Ya nos es solo que se les exija a los jugadores por contrato el aprender catalán, es que no se oye un viva España en el Camp Nou ni de casualidad.
Desde hace tiempo se ve que tiene aspiraciones políticas y que espera que los partidos independentistas se lo rifen. Vivir del cuento que se ha dicho.
Hay que pensar más con la cabeza y menos con la cartera.